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El Tiempo No Borra

  • Foto del escritor: Lauren Jusseth
    Lauren Jusseth
  • 12 oct
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 19 oct

Un thriller psicológico nórdico con un misterio del pasado



Mañana te toca a ti es un thriller nórdico escrito por Stefan Ahnhem que te hará empezar a cuestionarte cómo tus acciones del pasado definen quién eres hoy.


La historia narra los sucesos ocurridos a Fabian Risk, que justo acaba de mudarse junto a su familia a su ciudad natal para darle un nuevo inicio a sus vidas. 


Todo parecía ir bien, hasta que su jefa lo llama para pedirle que por favor se incorpore a la investigación de un crimen que está vinculado a su pasado.


Aquí empieza lo inquietante de esta novela negra, pues no se trata de un asesinato al asar, sino de un viejo compañero de escuela, con quien compartió pupitres, risas, silencios y momentos de crueldad. 


Alguien está tachando rostros en una vieja fotografía de la escuela, llevando a cabo una venganza calculada. Me atrevería a decir que el tema oculto de esta historia, es la justicia emocional y las culpas no redimidas. 


Es interesante ver como el autor se atreve a coquetear de cerca con temas como el abuso, ya sea escolar, laboral o incluso sexual. Pero este no solo explora el impacto emocional de las víctimas, sino también de los agresores y de aquellos que fueron testigos silenciosos. 


Acá podemos ver un poco del bullying escolar como un trauma no resuelto. Ahnhem no lo presenta como un tema superficial, sino como una herida profunda cuyas secuelas emocionan: humillación, exclusión, miedo. El pasado escolar es un territorio íntimo e imborrable para quien lo vivió y, para los demás, es una memoria parcial.


Este trauma, que no se procesó adecuadamente, aparece como semilla de la venganza. El autor sugiere que las heridas emocionales ignoradas, cuando no son confrontadas, pueden volverse contra uno mismo o contra quienes lo rodean.


Uno de los elementos más poderosos de esta novela es el uso de la culpa como fuerza impulsora. El asesino parece castigar a los antiguos compañeros por pecados del pasado, lo que convierte el crimen en una especie de justicia retorcida. 


El hecho de que Fabian Risk también pertenezca a ese grupo aumenta la tensión: ¿puede escapar uno de su pasado? ¿Hay culpas que, si no fueron reconocidas en su momento, reclaman revancha?


Desde un punto de vista psicológico, los personajes quedan expuestos a una disonancia interna: los actos cometidos en la adolescencia —bullying, humillaciones, silencios cómplices— pueden parecer leves comparados con un crimen, pero la novela muestra cómo esos “pecados” no desaparecen, sino que se reclaman de otras formas. 


En unos casos, los personajes intentan ignorar o minimizar sus culpas; en otros, actúan bajo la convicción de una culpa irreparable. Una estrategia clave de Ahnhem es fragmentar la narrativa entre varios puntos de vista: no siempre vemos la escena desde el protagonista o la policía, sino también desde “el otro lado”, en fragmentos íntimos. 


Esto genera una atmósfera de paranoia: todos pueden ser culpables, todos pueden estar equivocados respecto a los demás. También está el diario del adolescente acosado, que no solo aporta tensión, sino que nos mete en la mente de alguien roto mucho antes de que empiece la masacre. 


Lo interesante es que no siempre sabemos de quién es esa voz. Esa ambigüedad refleja cómo el dolor infantil suele quedar invisibilizado, como si fuera de “nadie” hasta que explota. Muchas veces me preguntaba si acaso estábamos leyendo el diario del asesino o de alguien más. 


También está el hecho de que, Fabian Risk no es un héroe idealizado. Tiene conflictos personales, errores, secretos. Eso lo humaniza. Pero su posición privilegiada —ser policía, conocer a las víctimas— lo convierte en figura de tensión constante: entre ética, deber, lealtades y supervivencia.


Sin duda, una de las características que más disfruté de la novela fue el hecho de que nunca sabes que va a suceder, cuando crees que está por esclarecerse todo el caso, sucede algo más que te deja totalmente desconcertado. No llegas a saber la verdad hasta el último capítulo. 


Por otro lado, uno de los personajes que más disfruté leer fue a Dunja Hougaard, es una mujer con un gran intelecto y un sentido del honor que te provoca amarla casi desde su primera aparición. Además, el autor trata de mostrarla como una mujer empoderada que te hace empatizar con ella tan pronto llegas a conocer su historia.


Pero como toda buena obra tiene sus defectos, creo que al personaje de Astrid Tuvesson se le pudo sacar mejor provecho, además de que llega un punto de la historia en que te dan ganas de darle una bofetada. Creo que es la falla más significativa que tiene el relato, por el hecho de que siendo la jefa y estar al frente de la investigación fue ella quien dejó pasar por alto lo más obvio y que pondría en riesgo todo el caso.


No sé si el autor hizo esto con la intención de continuar alargando la trama o no quería opacar a Dunja con el personaje de Astrid, pero supongo que pudo haber trabajado mejor esa parte. Aun así, Ahnhem logra que la intriga trascienda la pregunta clásica de “¿quién mató?”. La pregunta más perturbadora es: ¿qué tan lejos puede llegar el eco de nuestras acciones pasadas? 


Y ahí está la magia de esta novela (para mí): en ese recordatorio incómodo de que el tiempo no borra nada, solo lo esconde hasta que alguien decide sacarlo a la luz. El miedo no viene únicamente de la figura del asesino, sino de la certeza de que el tiempo no borra, solo espera.


Yo me declaro, a partir de aquí, una fanática de Ahnhem, tanto que ya tengo otra de sus obras en la mira.


Novela thriller Mañana Te Toca A Ti junto a espejuelos, una rosa y una vela

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